Mirada al pasado: El Trabajo de la Yuca en la Isla de Margarita


El trabajo de la yuca en Margarita era uno de los más rentables. Se llevaba a cabo en casi todas sus zonas agrícolas. La dulce para comerla cocida o engordar cochinos y la amarga o brava para la elaboración de cazabe, «barrigas y arepas de viejas». De la primera se conocían las variedades denominadas: cadena, blanca, canilla de negro, pata de guaraguao, malatova y amarilla. 

De la segunda las nombradas: mulata, negra, catira, pavana, punta de lanza, guacamaya, cogollo de ceiba y canillona. La reproducción se hacía mediante estacas clavadas en surcos hechos a pico o a azadón. Su altura variaba de conformidad con la fertilidad del terreno pero casi nunca pasaba de dos metros. Se limpiaba cada vez que el monte le crecía y necesitaba cuando menos dos años para su producción.

Llegado este momento se arrancaba, se recogía en sacos y mapires y se llevaba a los «trenes». Se quitaba la parte exterior de la concha, raspándolas a punta de machete. Se lavaban bien y se rallaban. Algunas por su tamaño tenían que partirse. Luego de ralladas se exprimía utilizando sebucanes traídos de Costafirme; o mapires grandes elaborados en la Isla expresamente para ese trabajo. En el primer caso se llenaban los sebucanes de catebía (catibía) y se colgaban de un soporte alto, por la manigueta o argolla superior que tenían en la boca y se estiraban haciéndoles presión hacia abajo ayudados con una vara fija en un extremo e introducida por la manigueta inferior, hasta que se desprendiera todo el yare o catara, que se recogía en cazuelas o bateas para botarlo por su alto poder tóxico.


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En el segundo caso se colmaban los mapires de catebía se tapaban con coladores de coco, se amarraban fuertemente con cabuyas y se prensaban poniéndolos sobre unas piedras chatas o lajas para irle trepando más piedras encima hasta que derramara todo el yare; o se introducía una horqueta o dos varas, por uno de sus extremos, en un ordinario hueco hecho en el tronco de un árbol grueso, se acomodaban los mapires sobre piedras planas, debajo de la horqueta o varas, y se ponían pesas de piedras en el otro extremo, para que lentamente se fuera realizando el exprimido. Seca y pulverizada la catebía, se cernía en manares elaborados por lo regular con corteza del palo de la palma de monte o carana. 

De la catebía cernida se echaba con una totuma lo necesario sobre el budare recalentando en la hornalla, se extendía, se paleteaba y se le emparejaban las orillas con una paletica y se volteaba en un solo y acompasado movimiento de manos, ayudado con la paleta grande; se alisaba con el fondo de la totuma  y cuando ya empezaba a dorarse se zumbaba en los aparaderos, de donde iba a los secaderos y de allí a formar los adorotes: paquetes de a 20 tortas envueltas en hojas secas o cachipos de plátano, con angarillas de madera, para hacer más fácil su conducción en la cabeza o en burros hasta los sitios de venta.

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La primera torta se denominaba «templero» porque era la que se hacía para probar si el budare estaba templado o sea a punto de calor y se repartía entre los presentes, y la última «capino», la cual se elaboraba con los residuos de la catebía cernida y casi siempre se utilizaba para los cochinos. Cuando el Sol estaba entordado las tortas no se secaban bien, se quedaban flácidas y correosas y se les llamaban «cazabe dormido»; no se llevaban a los adorotes porque tomaban mal gusto y se vendían a «menosprecios» para uso rápido. Las «barrigas y arepas de viejas» se hacían a base de almidón, catebía y papelón.

El almidón se extraía utilizando una hamaquita de tela como colador y la catebía lavada se aprovechaba para el mantenimiento de animales domésticos. El trabajo de la yuca era demasiado fuerte; sobre todo la elaboración del cazabe donde tomaba parte mucha gente sin distinción de edades, ni de sexos, ni de condiciones físicas. Empezaba al canto del gallo, llamados con toques de botutos y se terminaba a la puesta del Sol. Los ralladores, tendedores y metedores de candela o fayamanes, tenían que ser expertos en el trabajo.

José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco) - Usos y costumbres tradicionales en Margarita (1986)
Foto inicial: www.espanol.rfi.fr

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