Mirada al pasado: El "Chinguirito" y el "Anisao" casero


La música, los cantos, las diversiones, las parrandas, los sancochos, las meriendas y las bebidas, formaban parte del mundo fantástico de las Pascuas de antaño en la Isla de Margarita. Los hombres se emborrachaban con sus «palos» del ron blanco producido en los alambiques de la Isla, y con la ginebra extranjera, traída o no de contrabando, en botellas de loza, de una o dos asitas en los hombros, a las cuales, no sabemos porqué les llamaban «canas»; y con el brandy y el «vino gancia» de los pudientes, cuando se ponían al alcance de todas las manos.

Las mujeres se entusiasmaban con sus traguitos de «chinguirito» y «anisao» casero y vinos nacionales, tomados las más de las veces para espantar el sueño. Mientras que a los muchachos sólo los dejaban comer todo lo que quisieran, pero ni por un pienso, ingerir bebidas embriagantes.

El «chinguirito» era una bebida deliciosamente buena y suave al paladar, que se preparaba a base de ron blanco, vino nacional y miel de abeja o «de la tierra», como también se le llamaba, de la cultivada en los viejos taparos debajo de los aleros del fondo de las casas, en las proporciones de una botella de ron, tres cuartos de miel y media botella de vino, poco más o menos, que se batían y rebatían con un «molenillo» de palo, en un envase hecho, las más de las veces, del taparo o tapara redondo, hasta que todo quedara bien ligado, y se le añadía canela y «clavo especie» al gusto, y en muchas ocasiones se cocinaba para que cogiera más «temple» o lo que era lo mismo, que durara más tiempo sin el peligro de «asimplarse», «cortarse» o corromperse.

El «anisao» casero, se elaboraba con «dos tantos de ron por uno de agua», azúcar al gusto y esencia o «espíritu de anís» que se compraba en las boticas, farmacias o bodegas de la época, y se iban echando poco a poco, en unos recipientes grandes y de bocas amplias, como poncheras y bateas, para irlos batiendo hasta más no poder, con una totuma o un remillón pequeño, lo que facilitaba al batidor la oportunidad de irlo observando cuidadosamente y probándolo de cuando en cuando, con un pocillito o totumita, para cogerle el gusto y «puntearlo» hasta que quedara como lo ordenaban las normas tradicionales, con su olor penetrante y su sabor empalagador.

Todas estas bebidas se acondicionaban con algún tiempo de anticipación, que no bajara de los quince días, y se guardaban en botellas, garrafas, canas damesanos, damajuanas y garrafones, para que se «curtiera» bien y se «curara» hasta el máximo, y su aceptación fuera la más apetecida a la hora de servirlas. A las que no llenaban estos requisitos se les denominaban «crudas» y por muy bueno que estuvieran el olor y el sabor, siempre se les consideraban como «motriacas» o de baja calidad.

Aunque el «chinguirito» y el «anisao» casero eran unas bebidas de Pascuas, también se les utilizaban en otros actos especiales, como en los velorios de canto en las velaciones de muertos; en los «miaos» de los recién nacidos, en los bautizos y en las bodas, aunque no con el carácter de imprescindibles. Tanto el «chinguirito» como el «anisao» casero, han desaparecido, como han desaparecido tantas cosas buenas de las Pascuas de antaño en Margarita. 

José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco) - Usos y costumbres tradicionales en Margarita (1986)

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