Mirada al Pasado: Las populares declaratorias de Amor en Margarita


Desde que el mundo es mundo en la Isla de Margarita el amor ha sido tema apasionante. Los hombres se han valido de infinidad de artimañas para dirigirse a la mujer deseada. Entre las más antiguas formas estuvo la de la «estaca». Nadie dice dónde ni cuándo se inició esta práctica, ni mucho menos quién o quiénes la idearon. 

Pero se comenta, que después de la Semana Santa o Mayor, los hombres que se consideraban capaces de hacerse cargo de una mujer, salían al filo de la medianoche, estaca y maceta en mano y machete al cinto por si acaso, hacia la casa de la pretendida y ya en la puerta, después de hacer algunos movimientos como para que todos se despertaran, daban tres golpecitos por tres veces consecutivas con los maderos y pronunciaban las rituales palabras: ¿Clavo aquí la estaca?, lo que desde adentro le era respondido con un tajante: ¿Cuyo es Usted? lo que obligaba al requeriente a identificarse y a esperar que le preguntaran: ¿Por quién?, para decir el nombre de la deseada y aguardar pacientemente la respuesta que podía ser: «No puede Usted » o «clávela Usted », si era negada o aceptada la petición.


Se dice asimismo que esa estaca gruesa y de madera fuerte, clavada cerquita de la pared, era respetada por propios y extraños y que el afortunado pretendiente no tenía necesidad ni siquiera de volver por esos predios, sino hasta el día que se iba a casar o a consumar la unión, sí era con lo único que podía cumplir la promesa o palabra empeñada. Se asegura que este sistema fue suplantado por el de «las piedritas» que se tiraban a la hembra para ver si aceptaba los requerimientos amorosos y tratar luego de «pedir la mano», expuesto el pretendiente a que el padre de la pretendida o quien hiciera sus veces, le tomara la diestra para ver si había callos en ella y poder aceptarle la propuesta o de lo contrario rechazarlo, por flojo, haragán o patiquín.

Después vinieron los o las «lleva y trae» que eran especie de correos orales. Y más tarde las frasecitas voladas, las pedidas de agua sin tener sed, las picaditas de ojos, los regalitos ingenuos y las carticas envueltas en pañuelos o metidas entre libros y en infinidad de cosas que camuflaban el objetivo. Los sitios preferidos para estas acciones eran los caminos de los conucos, las caladas de los trenes, las búsquedas del agua para los servicios domésticos, las fiestas patronales con sus bailes populares y sus procesiones, los velorios de cantos y las velaciones de muertos y demás sitios de trabajo o de diversiones que eran frecuentados por hembras y varones.

En la actualidad se siguen infinidad de formas, muchas de ellas importadas y reñidas con la idiosincrasia popular margariteña.

José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco) - Usos y costumbres tradicionales en Margarita (1986)

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