La verdadera historia del Conejo de Margarita que debes conocer


Nada como el conejo de Margarita. No tiene rival. Desde siempre fue el rey y no había necesidad de tomarse fotos con él para demostrar su superioridad. Todo el mundo lo decía desde que descubrieron sus bondades comparándolo con conejos de otras partes del mundo. 

El secreto estaba en su libertad, en que andaba de un lado para otro haciendo lo que le daba la gana, brincando de aquí para allá, sin nadie que lo atrapara, comiendo sanamente, gordo y sonriente con sus dientes incisivos a toda prueba, rodeado de hierba y flores, seguro y confiado de sus propiedades.


Primer plato

No existía todavía el twitter y ya se hablaba del conejo margariteño. Todos los cronistas y viajeros que llegaron a la isla desde que Alonso de Ojeda pisó suelo insular en 1499, han dejado constancia de sus bondades, como bien lo registra Ángel Félix Gómez, en su magnífico libro Historia y antología de la cocina margariteña. El primero fue Francisco López de Gómara quien dijo que “no había más que conejos y aves marinas. Los naturales andaban muy pintados, comían ostras de perlas y cambiaban agua de Tierra Firme por aljófar…”. 

Poco después otro cronista de Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, es algo más explícito y describiendo las bondades de Cubagua y Margarita, habla de que “hay conejos en aquella isla, de buen sabor y muchos como los de Castilla, aunque el pelo es más montesino o áspero”. Juan de Castellanos, en 1541, escribió hasta una octava donde da cuenta de: “Entre dos aledaños es descrita/cada cual tres leguas comarcanas,/que son la tierra firme y Margarita,/Y es la distancia della toda llana:/Hay caza de conejos infinita,/que es por allí comida no malsana… De aves, de conejos, de venados;/Bastantísimamente proveída,/Dan abundante sus pescados/Gustosa y salubérrima comida”.

Fray Antonio Vásquez de Espinoza, quien visitó la isla de Margarita en 1629, dejó constancia en sus escritos que “toda la isla está llena de conejos”. Un cura capuchino que estuvo en la isla en 1680, Nicolás Olot, escribió: “La isla es muy montañosa, pero muy abundante de carnes: carneros, vacas, conejos, todo muy barato (sic)…”. Un expedicionario británico de nombre Alexander Alexander, que visitó Margarita entre 1819 y 1821, escribió que “… son abundantes los venados, lo mismo que los conejos, y que son en mi opinión mucho más sabrosos que los de Europa”. Y así por el estilo hay mucha documentación que nos confirma la abundancia de conejos en la isla, de lo sabroso de su carne comparada con las de otras tierras.


Segundo plato

¿Por qué el conejo de Margarita es tan sabroso? Para ser imparcial, lo mejor es recurrir a las propias palabras de Ángel Félix Gómez: “El conejo (Sylvilagus floridanus) es el animal más nombrado por los cronistas y viajeros venidos a Margarita, tanto por su abundancia como por la calidad de su carne. Sabor debido a dos plantas silvestres de Margarita que comen los conejos, como son el orégano de monte (Lippia micromera) y el tomillo (Lippia oroganoidea), familia Verbenáceas”. Se trata de dos plantas silvestres de gran potencial aromático que al ser ingeridas por el animal conceden a su carne un delicado sabor, superior a la de los animales privados de su libertad.

El conejo margariteño se prepara de diferentes maneras, guisado y en pebre, sancochado o frito. Cuando abunda su caza se prepara también en salazón, como el pescado. El animal se sala abundantemente y se pone al sol, debidamente cuarteado para que el secado sea más efectivo. Esta cecina de conejo se come asada, frita o guisada con o sin arroz. Esta costumbre fue reseñada por el capitán Wirt Robinson, quien estuvo por allá en 1895, haciendo observaciones de aves y animales, y escribió que “los conejos son tan numerosos en Margarita, que eran preparados salados al estilo bacalao y embarcados a La Guaira para su venta”.

En Los Robles existe la tradición de cazar conejos armados con toletes de madera dura como guacatare y guatapanare o dividive. Un grupo persigue a los conejos con gritos y ruidos y los arrinconan hacia otro sitio donde los esperan los toleteros. De esta costumbre queda una copla popular que dice: “Roblero pata amarilla/mata conejo a tolete/y en los conucos se mete/a comerse las patillas”.

Postre

Esta es la verdadera historia del conejo de Margarita. Cualquier otra que hayan leído últimamente, no tiene nada que ver con la cocina margariteña ni con Margarita Gastronómica.

Con información de: miropopic.com.

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