Los milagros de la Virgen del Valle


Los milagros de la Virgen no son únicamente la pierna de perla que del fondo del mar extrajo Domingo el buzo de cabeza, después que sanó de su dolencia mala; ni la bala de Arismendi, que en una acción campal rebotó en su inseparable medalla, para anunciarle que estaba predestinado a libertar para siempre a su isla querida.

Los milagros de la Virgen, no son únicamente las laminitas de oro o de plata o de níquel labradas como maracas de cacao, a pedimento de los hacendados de Tierra Firme; ni como mazorcas de maíz margariteño, ni como nísperos tacarigüeros, ni corno plátanos cañeros, que le mandan a hacer criollos y forasteros.

Los milagros de la Virgen, no son únicamente los aguaceros que caen inesperadamente para salvar cosechas, ni la acción de amainar repentinamente los vientos huracanados para que la navegación se haga con bonanza.

Los milagros de la Virgen no son únicamente los barcos tallados en madera o formados con perlas o con conchas marinas, que le traen como presentes, los agradecidos devotos, que andan por sobre todos los caminos del mar.



Los milagros de la Virgen, no son únicamente los brazos, las manos, los pechos, los ojos, las piernas, las cabezas, los niños, los viejos; ni las goletas, los trespuños, las balandras, los peñeros y las orejetas; ni las vacas, los caballos, los burros, los peces, etc., formados en metal, que se exhiben en las vitrinas y llevan del santuario al museo y del museo a las expendedoras y de las expendedoras otra vez al santuario y del santuario otra vez al museo y así sucesivamente.

Los milagros de la Virgen, no son únicamente los anillos ni las medallas de graduaciones, que en demostración de agradecimiento le dejan los que han salido bien en sus estudios.

Los milagros de la Virgen, no son únicamente los trofeos que en réplicas o en originales le donan los triunfadores; ni las flores, ni las velas que les llevan como exvotos la infinidad de feligreses.

Los milagros de la Virgen, no son únicamente los montones de morocotas, ni de libras, ni de onzas, ni de callaos de oro, que se guardan dentro de los escaparates o se miran en las vidrieras.

Los milagros de la Virgen, no son únicamente los pomposos y opulentos regalos de los potentados, ni siquiera los humildes y sencillos de los pobres.

Los milagros de la Virgen no son únicamente los cuerpos arrodillados, ni acuclillados, ni parados, con cirios encendidos o no que avanzan lentamente, fuera o dentro del santuario; ni los que envueltos en sábanas o mortajas blancas simulan a enfermos o moribundos; ni los que bracean en lo seco como si estuviesen sobre las olas del embravecido mar; ni los que pegan lamentos, ni los que se confiesan en voz alta, ni los que pagan penitencias, ni los que aparentan mil cosas para postrarse definitivamente a los pies de la imagen.

Los milagros de la Virgen, no son únicamente los que se exhiben.

Los milagros de la Virgen, son también las silenciosas demostraciones de los hijos cuasi profanos, de los hermanos incrédulos, de los sobrinos, los nietos, los parientes, los humanos en general, que concurren hasta Ella a cumplir su compromiso, a cancelar su deuda, a ratificar su palabra de honor, a pagar su promesa calladamente, sin ostentaciones, sin suntuosidad, sin exhibicionismos, convencidos de su extraordinaria bondad, después de haberle pedido en un momento de angustia, de aflicción, algo que necesitaban y habérselo concedido sin demora.

Los milagros de la Virgen son muchos más de los que estamos viendo, de los que estamos tocando, de los que estamos oyendo decir y repitiendo a cada momento.

Los milagros de la Virgen son infinitos...

La Virgen del Valle, su Historia y sus Leyendas - JOSÉ JOAQUÍN SALAZAR FRANCO (CHEGUACO) - 1983. Imagen inicial de: Béria Lima.

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